jueves, 10 de marzo de 2022

Lo prometido es deuda: Glosario de expresiones latinas

 En el verso 139 de su Epístola a los Pisones o Arte poética, Horacio pone en solfa los anuncios pomposos con la frase parturient montes, nascetur ridiculus mus, «los montes están de parto, nacerá un ridículo ratón». Este pasaje hizo fortuna y, como muchos otros de este autor, ha pervivido a lo largo de los siglos y ha llegado hasta nosotros; en castellano aludimos a él —no suele citarse en su forma latina— con la expresión «el parto de los montes», que se refiere a algo que parecía o pretendía ser importante y que al final ha quedado en casi nada.

Todo esto viene al caso porque confío en que este Glosario de expresiones latinas que ahora os presento y que había anunciado hace algunas semanas no acabe siendo «un parto de los montes». Sirva al menos esta introducción de captatio benevolentiae, otra expresión latina, que es un escrito, en buena medida retórico, que se incluía al comienzo de una obra, en el cual un autor pedía la benevolencia de sus lectores por lo que a continuación les iba a ofrecer. Esta práctica ha caído en desuso; hoy los escritores ni piden permiso ni disculpas por nada, por muy malo que sea el libro que acaban de perpetrar.

He seleccionado para este breve diccionario o «glosario» un par de centenares de expresiones latinas de uso frecuente en el español actual, tanto voces como locuciones, frases proverbiales y otras unidades pluriverbales. Algunas se emplean en la conversación corriente, y otras pertenecen a ámbitos especializados, como el jurídico, el religioso o el médico, pero que ya se han incorporado al acervo de la lengua común. 

En cada uno de los artículos se han incluido, además del encabezamiento con la expresión correspondiente y su sentido o uso, el significado literal en latín cuando difiere claramente del actual, acompañado de citas textuales tomadas de diversos medios (periodísticos, literarios, científicos, etc.), que además de atestiguar el uso, ilustran sobre el modo real en que se emplea cada una de las expresiones incluidas. Se incorporan, además, anotaciones de pronunciación, formación del plural y otras advertencias que pueden ser muy útiles para evitar los errores en los que se suele caer al emplear los latinismos.

No se ha pretendido en absoluto que este repertorio sea exhaustivo, sino que sirva como orientación para usar correctamente las expresiones latinas más habituales. Para quienes deseen profundizar en el conocimientos de ellas, su origen y contexto de producción, los pasajes precisos de los textos latinos en que se han originado, su repercusión en la literatura posterior y otras noticias, existen obras de mayor fuste que esta y con diferente orientación. La mejor en español es el Diccionario de expresiones y frases latinas (4.ª edición), del profesor Víctor-José Herrero Llorente, a quien tuve la suerte de conocer y editar hace ya unos cuantos años.

En este punto, vale la pena hacer  un par de observaciones generales sobre los criterios adoptados en la redacción de este glosario: una ortográfica y otra sobre pronunciación.

En los latinismos, como en el resto de voces procedentes de otras lenguas, cabe distinguir entre los llamados «crudos» y los adaptados o castellanizados. La mayor parte de los incluidos en este trabajo pertenecen al primer grupo y se caracterizan por que deben escribirse en su forma gráfica original, especialmente en lo que se refiere a la tilde acentual, que en latín no existía y que, por lo tanto, no debe añadirse tampoco cuando los usamos ahora. Es decir, debe escribirse ad hominen, delirium tremens, ex nihilo, habeas corpus, in articulo mortis, magister dixit, sub iudice, y no ad hóminen, delírium trémens, ex níhilo, hábeas corpus, in artículo mortis, magíster díxit, sub iúdice, como correspondería a su pronunciación y a las normas españolas de colocación del acento gráfico. ¿Cuándo consideraremos que un latinismo es crudo y cuándo está adaptado? Es crudo cuando no ha sufrido ninguna evolución y los hablantes tienen una clara conciencia de que es un elemento que no pertenece a su propia lengua. Claro, acabamos de entrar en el ámbito de lo subjetivo, pero las cosas de la lengua son así. Es lo que hay. Por otra parte, la Real Academia Española ha sido fluctuante en este aspecto a lo largo de su historia, de ahí que en los textos podamos encontrarnos perfectamente una misma expresión escrita de una forma u otra. No obstante, la edición de la Ortografía de 2010 ha establecido claramente los criterios que estamos describiendo aquí; son razonables y aconsejo que los sigamos.

En lo que se refiere a la pronunciación, las cosas quizá son un poco más delicadas. En los latinismos, se dan, sin entrar en detalles, tres pronunciaciones: la clásica, la eclesiástica —de clara influencia italiana— y la que podríamos llamar «corriente», que consiste en leer lo que vemos escrito de acuerdo con las pautas actuales. Un ejemplo muy claro es el de la combinaciones ce y ci, que aparecen, por ejemplo, en circa, en in voce o en lignum crucis. En pronunciación clásica leeríamos que, qui, en pronunciación eclesiástica diríamos che, chi, y en pronunciación corriente sería ce, ci. Cada expresión latina tiene su propia biografía y ámbito de utilización, por eso estas tres pronunciaciones no se dan de hecho en todas la expresiones latinas. Es necesario indicar en cada caso la que se considera habitual, siempre dentro de los límites de lo correcto y razonable.

Cuando mi sobrina tenía catorce o quince años, entablamos una tarde una acalorada discusión sobre si la cultura (los libros, las películas, la música...) debían o no ser gratuitos. Ella, instalada como puede suponerse en el principio del «todo gratis» que ha instaurado  Internet, era acérrima partidaria de que la cultura debía ser «libre» y accesible para todos. (Aprovecho para anotar que este uso del adjetivo libre es un anglicismo más que se ha introducido en los medios informáticos y afines, ya que free en inglés significa tanto «libre» como «gratis», cosa que no ocurre   —o no ocurría— con el adjetivo libre en español). A pesar de los nobles argumentos que esgrimió, yo le expresé mi dudas, que, como correspondía a su edad, consideró una afrenta; y así quedó la cosa, sin posible acuerdo. Hoy sin embargo me dejaré convencer un poco. Aquí tenéis este Glosario de expresiones latinas, «libre» de derechos de autor, que he «subido a la Nube», accesible desde el enlace que he incluido en su propio título. Espero que os guste y que vaya mejorando con vuestros comentarios y sugerencias. Así es la Red.

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