miércoles, 27 de abril de 2022

Formas dudosas del imperativo


En general, la formas del imperativo de los verbos no presentan especiales problemas. Repaso aquí las de un verbo regular de la primera conjugación:

canta (tú)
cantá (vos; en las zonas de voseo del
            español americano)
 cante (usted)
 cantad (vosotros, vosotras)
 canten (ustedes)

Como puede verse, la forma de imperativo correspondiente a vosotros (segunda persona del plural) termina en -d (cantad, sentad, comed, partid); sin embargo, pierde esa -d cuando se le añade el pronombre enclítico os: sentaos, comeos, veníos.

En la lengua coloquial es muy frecuente en estos casos sustituir la forma del imperativo por un infinitivo, pero este uso no es recomendable. Debe decirse sentaos a la mesa, comeos lo que os apetezca, marchaos cuando queráis, y no sentaros a la mesa, comeros lo que os apetezca o marcharos cuando queráis.

En realidad, la sustitución del imperativo por infinitivo en las formas que terminan en -d es muy común: entrar si tenéis frío, terminar el trabajo cuanto antes, venir a la fiesta. En rigor debió decirse: entrad si tenéis frío, terminad el trabajo cuanto antes, venid a la fiesta.

Como ocurre tantas veces, este uso podría llegar a considerarse admisible en la lengua hablada informal, de hecho se da con mucha frecuencia, pero debe evitarse en lenguaje esmerado. Y muy especialmente en la lengua escrita.

Naturalmente, no deben confundirse estos casos con la combinación de un infinitivo con el pronombre enclítico os, que es perfectamente válida, como en el frase Podéis iros cuando queráis.

No obstante, es perfectamente aceptable, y recomendable, el uso del infinitivo con valor de imperativo para expresar instrucciones de carácter impersonal: Llamar antes de entrar. Cerrar la puerta al salir. No tocar los alimentos sin guantes, etc. Usar el imperativo en estos casos podría resultar molesto, hasta ofensivo, para los posibles destinatarios de esos mensajes.

Un caso muy particular del asunto que estamos tratando aquí es el del verbo ir. En este verbo, la forma culta de imperativo correspondiente a vosotros con el pronombre enclítico os es idos, no íos. Como puede verse la -d final no se pierde aquí.  La forma íos se uso en el español antiguo, pero hoy se ha desechado por completo. Por otra parte, dada la extensión entre hablantes cultos de la forma iros (probablemente para evitar la confusión de idos con el participio del mismo verbo), la Real Academia Española optó recientemente por darla también por válida. Esta decisión suscitó no pocas críticas entre los especialistas y hablantes cualificados, lo que ha dado lugar a una situación de notable incertidumbre, sobre todo por la elevada frecuencia de uso del verbo en cuestión. En resumen, en este momento tanto idos como iros serían consideradas formas correctas, aunque se seguiría dando preferencia a la primera de ellas. Veremos en qué acaba todo.






sábado, 23 de abril de 2022

Post-it, marca registrada

 

En la década de los ochenta llegaron a nuestras vidas unas hojitas de color amarillo fluorescente, con una franja adhesiva en el dorso, para escribir notas, generalmente recordatorios, y dejarlas pegadas en algún lugar visible. Sí, me estoy me estoy refiriendo al post-it. Fueron un invento de la multinacional estadounidense 3M, creadora además, entre otra muchas cosas, del famoso estropajo scotch brite (que nosotros pronunciamos siempre a la española, escoch brite). Ambos productos son marcas registradas; esto quiere decir que su nombre, inventado también como lo que designa, ha sido inscrito en el registro correspondiente, y no puede ser utilizado en determinadas circunstancias si no es con la autorización de su creador. Sin embargo, ambas palabras —y esto no sé si se les gustará mucho a los ejecutivos de 3M— se usan con toda naturalidad genéricamente para nombrar esos objetos u otros parecidos, sean de esa marca o de otra. Este es un fenómeno corrientísimo, esencial a la lengua e imparable en un mundo en el que la mayor parte de las cosas que usamos, nos comemos o nos bebemos han sido fabricadas por un tercero. Muchas voces de las que empleamos a diario tienen su origen en una marca registrada. Cito aquí unas cuantas (algunas sorprenderán): casera (gaseosa), celofán, chupa-chups, gominola, gramófono, clínex, lycra, mecano, neopreno, ping-pong, plastilina, sonotone, tirita, vaselina, velcro, yoyó.

Hoy hablaremos de post-it. La palabra procede de la expresión inglesa en forma imperativa post-it, que significa «colócalo, fíjalo, pégalo», aunque se usa como sustantivo; «no contable», como cuando decimos usa post-it para recordarle la hora de la reunión, o «contable», referido a cada una de estas notas: escribe el teléfono en un post-it. Desde que empezó a utilizarse, tanto en el ámbito oficinesco, del que se convirtió en un auténtico símbolo, al doméstico, convivieron dos pronunciaciones: póstit y pósit. Mi impresión personal es que la primera de ellas comenzó siendo la más frecuente; es la que corresponde a la escritura y la propia de hablantes cuidadosos a la hora de leer, o con mínimas nociones de inglés; la segunda no me parece muy común entre hablantes cultos, y creo percibir también que se emplea a veces adrede, en ese tono humorístico habitual del ámbito laboral, casi a modo de sutil captatio benevolentiae, con conciencia de que se trata de una pronunciación incorrecta.

Pues bien, la Real Academia Española, en un afán un tanto obstinado por castellanizar expresiones extranjeras en contra de la evidencia del uso general (la documentación es abrumadora en favor de la forma inglesa post-it), optó en 2014 por incluir en el Diccionario la adaptación pósit. Sinceramente, no entiendo esa decisión. Puestos a castellanizar, por qué no póstit. Nuestros hábitos de pronunciación están perfectamente adaptados a la secuencia post; de hecho las habilidades articulatorias de los españoles han mejorado mucho con respecto a las de generaciones anteriores, seguramente por la extensión del aprendizaje de lenguas extranjeras. Y esta pronunciación es la que mejor se ajusta a la original, es frecuente y la preferida por hablantes cualificados. ¿Quién da más?





domingo, 17 de abril de 2022

¿Detrás de mí, detrás mío, detrás mía...?

 

Se oye con mucha frecuencia, incluso entre periodistas de radio y televisión, un tipo de construcciones con adverbio y posesivo que es claramente anómalo desde el punto de vista gramatical. Se produce con un grupo de adverbios de significado espacial a los que se pospone un posesivo cuando deberían construirse con la preposición de. He recogido los siguientes: delante, detrás, encima, debajo, enfrente y, raramente, lejos y cerca.

Un adjetivo, en este caso un adjetivo posesivo como mío, tuyo, suyo, etc., nunca puede aplicarse a un adverbio, ni a los que hemos citado arriba ni a ningún otro. Los adverbios no admiten adjetivación. Por lo tanto, son incorrectas expresiones como delante mío, detrás tuya, enfrente suyo, encima nuestro, debajo vuestro, etc. Debe decirse delante de mí, detrás de ti, enfrente de él, encima de nosotros, debajo de vosotros. Por otra parte, el adverbio carece de género gramatical (y de número también, dicho sea de paso), por lo que resulta bastante absurdo aplicarle cualquiera de ellos (delante mío, delante mía).

Sé que es un uso muy extendido, especialmente en la lengua oral —mucho más raro en la escrita, siempre más cuidada— pero debe evitarse en todo caso.

Naturalmente, sí se forman con posesivos construcciones semejantes a estas en cuanto a su significado, pero que están formadas con sustantivos, como a mi lado (o al lado mío). En este caso no podría decirse al lado de mí.

jueves, 7 de abril de 2022

Diez errores lingüísticos que no te puedes permitir (1)



Volver a repetir

Si yo «repito» una cosa, la hago nuevamente; si la «vuelvo a repetir» es que la hago una tercera y las sucesivas veces. Parece, sin embargo, que el verbo repetir se ha quedado pequeño y se le acompaña casi siempre del reiterativo volver a.
Cuando una presidenta (o presidente) del Congreso le dice a un diputado le vuelvo a repetir que no está en el uso de la palabra es que ya se lo había dicho al menos dos veces más. Puede que sea menos efectivo (y difícilmente lo es), pero la segunda vez debería haberse limitado a decir le repito que no está en el uso de la palabra.
Esto mismo pasa con sinónimos o términos afines de repetir, como reiterar y reincidir, y otros muchos verbos formados con el prefijo re-, que significa precisamente eso: volver a hacer lo que expresa el verbo al que se antepone, como rehacer, reeditar, reedificar, reorientar, readmitir, etc.


Preveyendo, preveyó

El verbo prever es tremendamente fácil de conjugar. Basta coger el verbo ver y añadirle le prefijo pre-: preveo, prevés, prevé, previendo, previó, prevería... Por tanto, no son aceptables estas formas con ye (o i griega, que se decía antes y se sigue diciendo) que tanto se oyen, probablemente por confusión con el verbo proveer, con el que prever guarda cierta relación semántica.


Líbido

Esta palabra tan freudiana es grave o llana, o sea libido, no esdrújula como tanta veces se pronuncia y aparece en este encabezamiento. Naturalmente, no debe confundirse con el adjetivo lívido, que trato en el siguiente artículo.


Lívido y pálido

Lívido no significa «pálido» como muchos creen, sino «amoratado», referido especialmente al color de la piel por efecto del frío, por enfermedad o por alguna herida. Y no traslademos su acentuación a libido, «deseo sexual».


Cuanto menos

Se emplea con gran frecuencia en los medios de comunicación erróneamente en lugar de cuando menos con el significado de «al menos» o «por lo menos»:

Con el empleo de levofloxacino y moxifloxacino en pautas de cinco días de duración se han comunicado resultados favorables, cuanto menos semejantes a los obtenidos con pautas de diez días de tratamiento con antibióticos betalactámicos (Revista Medicina General, n.º 52; 3/2003).

Por supuesto, cuanto menos está correctamente empleado en expresiones de comparación del tipo cuantos menos vayamos, mas tranquilidad habrá.

No hace falta decir que debe evitarse siempre emplear contra menos (o contra más) en este tipo de frases: *Contra menos vayamos, más tranquilidad habrá.


Indio e hindú

Los habitantes de la India se llaman indios (como los aborígenes de América), y los hindúes son los practicantes del hinduismo. Llamar hindúes a los indios es como llamar cristianos a los españoles (ya pasaron los tiempos de la Reconquista). La Real Academia Española lo ha aceptado recientemente —yo creo que por aburrimiento—, pero los hablantes que pretendan hacer un uso esmerado de su lengua no se lo pueden permitir.


Deleznable

El adjetivo deleznable se aplica a los materiales que se desmoronan o disgregan fácilmente, como el barro por ejemplo, y figuradamente, igual que ocurre con la mayoría de las palabras, a otras cosas que se le podrían comparar de alguna manera. Sin embargo, desde hace mucho tiempo —ya lo habían señalado eminentes lingüistas— se viene usando impropiamente con el significado de «reprobable». No hay motivo para usarlo en este sentido, por más que ya incluya esta acepción el Diccionario de la Academia, lo cual no significa que la recomiende. Propongo, además de la citada reprobable, unas cuantas alternativas más: censurable, execrable, incalificable, condenable, criticable, reprochable, abominable, vituperable, recriminable, ominoso, vitando. Hay para elegir.


Mujeres que son arquitectos y notarios

No veo a estas alturas ninguna necesidad de que estas destacadas profesionales —y otras muchas— firmen sus proyectos y documentos, o se las cite así, en masculino. Entiendo que en ciertas circunstancias nos referimos a ellas no propiamente como personas (me vais a disculpar) sino por su profesión o cargo; pero es igual. El Boletín Oficial del Estado está lleno de firmas de ministras a las que se nombra como «ministras», y estoy seguro de que la sucesora de Felipe VI (si es que llega a serlo) firmará los reales decretos como «reina», como ya hacía en el siglo XV Isabel de Castilla en sus disposiciones legales.


De motu propio

Evítese esta expresión, que no es ni latina ni castellana. La forma correcta, estrictamente latina, es motu proprio (sin preposición y con una erre entre la pe y la i de proprio). Reconozco que suena bastante rebuscada, por eso propongo sustituirla por la nuestra, simple y, en mi opinión, elegante por iniciativa propia.


Kiev

No comprendo el empeño de muchos periodistas, con ocasión de los terribles acontecimientos que estamos viviendo, en cambiar la pronunciación del nombre de la capital de Ucrania. Entiendo que intentan imitar la pronunciación original diciendo Kíef o Kif, pero no hay necesidad de ello. Tenemos en castellano una forma consolidada, tanto en la escritura como en la pronunciación: Kiev, pronunciado en diptongo, con una uve muy ensordecida, casi como efe. Estas son las más recomendables, por el mismo motivo que a nadie se le ocurre llamar a Londres o a París de otra manera, aunque en las lenguas originales del Reino Unido y de Francia se escriban y se pronuncien diferente.

lunes, 4 de abril de 2022

Otra vez sobre leísmo, laísmo y loísmo (segunda parte)

 

En el artículo del 20 de marzo dimos un breve repaso a los conceptos gramaticales de complemento directo, complemento indirecto, verbo transitivo y verbo intransitivo, paso previo necesario para abordar el uso de los pronombres le(s), la(s) y lo(s), y comenzamos tratando el uso impropio de le(s), el denominado «leísmo». Hoy, en la segunda y última entrega sobre este asunto, hablaremos del laísmo y del loísmo.

El laísmo es el uso del pronombre la(s) en función del complemento indirecto. Se produce tanto en verbos transitivos como en intransitivos, y cuando se refiere a personas y a cosas. Es un fenómeno menos frecuente que el leísmo y más propio de la zona central y noroccidental de Castilla. Es muy raro en Andalucía, en Canarias y en Hispanoamérica. No se da en general en la lengua culta, especialmente en la escrita, por lo cual debe evitarse en todos los casos. Veamos algunos ejemplos:

Con verbos transitivos:

La dije que viniera (la es complemento indirecto femenino de persona).

No uses la lavadora, que tienen que arreglarla la puerta (la es c. i. femenino de cosa). 

Debió decirse:

Le dijo que viniera.

No uses la lavadora, que tienen que arreglarle la puerta.  

Con verbos intransitivos:

La gusta mucho la comida asiática (la es complemento indirecto femenino de persona)

                    La falta todavía una mano de pintura a la habitación (la es c. i. femenino de persona) 

Debió decirse:

Le gusta mucho la comida asiática.

Le falta todavía una mano de pintura a la habitación.


El loísmo es el uso impropio de lo(s) en función de complemento indirecto masculino de persona o de cosa, en lugar de le(s), que es el que corresponde a esta función. Es un uso marginal en todo el ámbito hispánico y debe evitarse:

Los dijo que se callaran de una vez (los es complemento indirecto).

Dalo unas cuantas vueltas más (a un tornillo, por ejemplo; lo es c. i.).

Debió decirse:

Les dije que se callaran.

Dale unas cuantas vueltas más.

El laísmo y el loísmo se dan en construcciones en que el hablante no tiene claro si el complemento del verbo es directo o indirecto, para evitar un leísmo que en realidad no existe. Este fenómeno se llama en lingüística ultracorrección, que no es más que caer en un error por temor a cometer otro, hecho que ocurre con más frecuencia de la que puede imaginarse. Estos casos dudosos ya los hemos visto al tratar el leísmo. Los repasamos con algunos ejemplos:

La molesta que lleguemos tarde (sería correcta, en cambio, una frase como Disculpe, no he querido molestarla). Debió decirse Le molesta que lleguemos tarde.

Voy a aprovechar este rato libre para escribirla/lo. Debió decirse Voy a aprovechar este rato para escribirle.

La/lo estaban pegando en la calle. Debió decirse Le estaban pegando en la calle.  

El laísmo y el loísmo son relativamente frecuentes en construcciones formadas por un verbo y un sustantivo, como echar un vistazo, sacar brillo, prender fuego que son percibidas como locuciones verbales (expresiones formados por varias palabras que funcionan como un solo verbo) sin serlo en realidad, y el pronombre se interpreta como complemento directo aunque no lo es. Como en las siguientes frases:

La eché un vistazo, La saque brillo, Lo prendió fuego. Debió decirse Le eché un vistazo, Le saqué brillo, Le prendió fuego. Aquí le es complemento indirecto y un vistazo, brillo y fuego son los complementos directos.

El motivo principal por el cual se cometen errores en el uso de los pronombres le(s), la(s) y lo(s) es que el hablante no está seguro de si el complemento verbal es directo o indirecto. Al hablar aplicamos inconscientemente las reglas de la gramática, y generalmente de modo correcto; sin embargo, en algunos casos de uso de estos pronombres, es necesario un instante de introspección sobre la propia competencia lingüística y, si persisten las dudas, conviene acudir a fuentes de información fiables que nos las puedan aclarar. Yo recomiendo vivamente la consulta del Diccionario panhispánico de dudas, elaborado por la Real Academia Española y la Asociación de Academias de la Lengua Española, accesible gratuitamente en línea, que trata este problema con claridad y rigor para un buen número de verbos de uso habitual. Además, el Diccionario del español actual, de Manuel Seco, y el Diccionario de uso del español, de María Moliner, indican en la definición de los verbos los complementos con los que se construyen, lo cual nos permite distinguir los verbos transitivos de los intransitivos, y el complemento directo del indirecto en cada uno de ellos.

Quizá se trata solo un gusto personal, pero estoy convencido de que el ejemplo posee las más de las veces una fuerza didáctica muy superior a la de cualquier explicación teórica por muy rigurosa o clara que nos parezca. Creo que sería muy útil —como una especie de recordatorio o vadémecum— traer aquí la lista completa de las frases empleadas como ejemplo en estas dos últimas entradas, con unas notas muy breves de valoración normativa. Aquí va:

Ayer conocí a tu amigo Luis y le he vuelto a ver hoy en el supermercado.
Leísmo admisible por estar referido a personas de sexo masculino.
Están tan cambiados sus hermanos que ya no les reconozco.
Leísmo admisible por estar referido a personas de sexo masculino, menos frecuente que en singular.
Le considero una mujer muy competente.
Incorrecto.
A tus amigas les conozco desde hace tiempo.
Incorrecto.
La considero una mujer muy competente.
Correcto.
A tus amigas las conozco desde hace tiempo.
Correcto.
El enchufe no tenía nada. Le han arreglado en un momento.
Incorrecto.
Los llevas cuando puedas a la biblioteca (los libros).
Correcto. 
El empleado no ha querido molestarla, pero la señora se ha quejado a su superior.
Correcto. Uso transitivo de un verbo de influencia psíquica.
A mi madre le molesta mucho la música tan alta.
Correcto. Uso intransitivo de un verbo de influencia psíquica.
¿Me permite que le acompañe? (a usted).
Leísmo de cortesía. Admisible referido a personas de ambos sexos.
¿Me permite que lo/la acompañe? (a usted).
Correcto.
Se le abre pulsando pulsando este botón (el capó de un coche).
Leísmo admisible en construcciones impersonales.
Se la ve más al otro lado del puente.
Correcto.
Se le ve más al otro lado del puente.
Leísmo admisible en construcciones impersonales referido a personas de sexo masculino; no recomendable referido a personas de sexo femenino.
Le ordenó venir inmediatamente.
Correcto (referido a personas de ambos sexos).
Le pidió que fuera puntual.
Correcto (referido a personas de ambos sexos).
Les propuso ir de viaje.
Correcto (referido a personas de ambos sexos).
La convenció de que vendiera el piso.
Correcto.
Las animó a que vinieran a la excursión.
Correcto.
Lo autorizó a pasar.
Correcto.
Lo dejo entrar sin problemas.
Correcto.
Los obligó a que abandonaran la sala.
Correcto.
La vi llegar.
Correcto.
Lo oí entrar.
Correcto.
Le oí entrar.
Leísmo admisible referido a personas de sexo masculino.
Una vez le vi arreglar la persiana.
Leísmo admisible porque el infinitivo tiene complemento directo.
Si ves a María Antonia, salúdale de mi parte.
Incorrecto.
Si ves a María Antonia, salúdala de mi parte.
Correcto.
La dije que viniera
Incorrecto.
No uses la lavadora, que tienen que arreglarla la puerta.
Incorrecto.
Le dijo que viniera (a María).
Correcto
No uses la lavadora, que tienen que arreglarle la puerta.
Correcto.
La gusta mucho la comida asiática.
Incorrecto.
La falta todavía una mano de pintura a la habitación.
Incorrecto.
Los dijo que se callaran de una vez.
Incorrecto.
Dalo unas cuantas vueltas más (a un tornillo).
Incorrecto.
Les dije que se callaran (a sus amigas).
Correcto.
Dale unas cuantas vueltas más (a un tornillo).
Correcto
La molesta que lleguemos tarde.
Incorrecto. Uso intransitivo de un verbo de influencia psíquica.
Voy a aprovechar este rato libre para escribirla/lo.
Incorrecto.
Voy a aprovechar este rato para escribirle.
Correcto (referido a personas de ambos sexos).
La/lo estaban pegando en la calle.
Incorrecto.
Le estaban pegando en la calle.
Correcto (referido a personas de ambos sexos).
La eché un vistazo.
Incorrecto.
La saque brillo.
Incorrecto.
Lo prendió fuego.
Incorrecto.
Le eché un vistazo.
Correcto.
Le saqué brillo.
Correcto.
Le prendió fuego.
Correcto.